porque los misteriosos caminos de la evolución tienen sus causas, consecuencias y víctimas

21.5.15

Sí eres una rata de dos patas

En uno de los insultos melódicos más célebres, se acusa a un tipejo de ser una “rata de dos patas”, sin saber que, de cierta manera, todo humano lo es, y no necesariamente por miserable.

Los seres humanos somos mucho más parecidos a las ratas de lo que usualmente creemos, y gracias a eso es que estos roedores son útiles para la investigación sobre asuntos de nuestra especie.

Cada año decenas de millones de ratas de laboratorio sufren para nuestro beneficio. Si las ratas fueran realmente tan distintas a los humanos, entonces probar medicinas, vacunas, terapias, maquillajes y un largo etcétera haría de estas actividades una simple tortura sin un aparente beneficio, con el cual justificamos toda esta investigación.

Las ratas son sorprendentemente similares a nosotros en muchos aspectos: Tenemos hijos de la misma forma, somos de sangre caliente, respiramos oxígeno del aire, tenemos miedos e instintos semejantes, vivimos en los mismos lugares y comemos más o menos igual, entre muchas otras cosas. ¿Por qué?

Evolutivamente los ancestros de los humanos se separaron hace 80 millones de años de los ancestros de las ratas, tiempo suficiente para que se acumulen las diferencias que vemos entre ambas especies. Parece mucho tiempo, pero teniendo en cuenta que la vida surgió hace 3800 millones de años, quiere decir que fuimos uno mismo con las ratas durante 3720 millones de años. Compartimos con las ratas todo ese tiempo de historia evolutiva.

Por lo tanto, no es de sorprender que nos parezcamos tanto. De hecho, con cualquier especie del planeta, desde una bacteria hasta un chimpancé, podemos encontrar similitudes pues con todas compartimos algo de nuestra evolución. Sí somos ratas de dos patas, como también somos monos desnudos y bacterias cerebradas. En todas las especies hay un recuerdo de las demás. Así que no debería ser una ofensa llamar a alguien “rata de dos patas”, sino más bien un recordatorio familiar.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/si-eres-una-rata-de-dos-patas/

Es literal: tu madre te lleva en el corazón

Algunas madres llevan el recuerdo de sus hijos en fotos en el celular, otras en el pensamiento, y muchas, muchas, guardan todavía células de sus hijos en el cuerpo.
   
Durante el embarazo, madre y feto se encuentran conectados por la placenta y cordón umbilical, mediante los cuales intercambian nutrientes y gases como el oxígeno.

Durante este intercambio también es común que se pasen algunas células coladas, tanto de la madre al feto como del feto a la madre, y estas células pueden quedarse viviendo en diferentes tejidos del cuerpo profanado durante décadas.

Las células intrusas al parecer no causan ningún daño, sino al contrario. Se ha visto que las mujeres que cargan con células de su hijo tienen mejor salud en general: menor incidencia de cáncer, viven más y tienen menor probabilidad de desarrollar Alzheimer.

Todavía no se sabe exactamente qué es lo que las células foráneas hacen para dar estos beneficios, pero se sospecha que tiene que ver con que “entrenan” al sistema inmune para reconocer con mayor facilidad células extrañas como patógenos y células cancerígenas.

Además de esto, en ratas se ha visto que a las células de hijos en madres les sucede un cambio de identidad y se comportan como células madre, que tienen la capacidad de convertirse en cualquier tejido. Estas células madre (que tal vez deberíamos considerar llamarles células hijo) pueden migrar a través del cuerpo y ayudar a reparar tejidos, por ejemplo de corazones dañados.

Sí, el corazón es uno de los tejidos donde se alojan las células de los hijos en las madres y viceversa. Así que, literalmente, llevamos una parte de nuestras mamás en el corazón, y ellas de nosotros.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/es-literal-tu-madre-te-lleva-en-el-corazon/

Cuidado: el azúcar de dieta te puede engordar más

Los endulzantes artificiales que con alegría le echas a tu café para ayudarte con la dieta, en realidad te pueden estar haciendo engordar.
   
Estos productos tienen menos calorías que el azúcar por lo que son muy populares en personas que quieren bajar de peso, pero lo que se acaba de descubrir recientemente es que su consumo altera al microbioma intestinal, lo cual a su vez modifica nuestro metabolismo, y no de forma benéfica.

Esto se vio en un experimento realizado el año pasado con ratas. A un grupo de ratas se les dio durante varias semanas agua con azúcar, y a otro grupo agua con sacarina. Las ratas que consumieron sacarina desarrollaron intolerancia a la glucosa, es decir que esta molécula se quedaba más tiempo de lo normal en su sangre que cada vez que comían. La intolerancia a la glucosa es peligrosa ya que puede derivar en diabetes y obesidad, entre otros problemas.

¿Cómo es que la sacarina provoca esta intolerancia? Al analizar el microbioma intestinal de las ratas que consumieron sacarina se vio que era diferente al de las ratas que consumieron azúcar, diferencia que también se ha visto en humanos. El microbioma, que son todos los microorganismos que viven en nosotros, es especialmente importante para cuestiones metabólicas; la sacarina al parecer promueve el crecimiento de algunas bacterias que de cierta forma (aún no se sabe cómo) hacen que las células del cuerpo no aprovechen la glucosa de manera saludable.

La comprobación de esto fue hecha con un trasplante fecal de las ratas que comieron sacarina hacia otras ratas que nunca la habían consumido. Al pasarles el microbioma “ensacarinado”, las ratas desarrollaron intolerancia a la glucosa a pesar de nunca haber ingerido este endulzante.

Cada día conocemos más sobre efectos insospechados del microbioma. Creo que nos conviene comenzar a pensar no sólo en nuestra nutrición, sino en la nutrición de nuestros inquilinos, al menos durante las próximas cucharaditas de azúcar al café.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/sabias_que/cuidado-el-azucar-de-dieta-te-puede-engordar-mas/

Piel de tiburón en los hospitales

Las bacterias y demás microorganismos son un gran problema para los hospitales. Estas especies pueden sobrevivir en las superficies de cualquier rincón, volviendo a los quirófanos y sus instrumentos un foco de infección y peligro latente. Aun con antibióticos y desinfectantes esto sigue siendo un problema. Lo bueno es que a alguien se le ocurrió cubrir las superficies con piel de tiburón.

La piel de los tiburones es increíblemente repelente a organismos que quieran establecerse ahí. En cualquier ballena podemos observar que tiene algas e incluso moluscos pegados a la piel; los tiburones no. Millones de años de evolución han seleccionado a aquellos tiburones con un patrón microscópico de escamas dentadas que previenen que se generen películas de microorganismos sobre ellos, es decir, bacterias que después alimentan a algas, moluscos y demás visitantes.

Este patrón de pequeños dientes en forma de diamante acomodados de una manera especial fue copiado para crear una película sintética cuya superficie asemeja a la del tiburón. Y, como con la piel de este gran pez, a las bacterias les resulta incómodo vivir ahí así que la evitan. Con esta tecnología se puede cubrir cualquier superficie, incluidos los quirófanos, evitando infecciones y desinfectantes. El patrón de la piel del tiburón es suficiente repelente.

La naturaleza lleva miles de millones de años probando soluciones a una gran variedad de retos. Su control de calidad es la evolución, y en general suele ser severo, por lo que los resultados suelen ser muy eficientes: las mejores estrategias se quedan, mientras que las demás no sobreviven. Los seres humanos podemos así tomar ventaja tanto de adaptaciones ya probadas por la naturaleza, como la piel del tiburón, pero también de una de las grandes estrategias evolutivas de nuestra especie, la de ser unos monos expertos en imitación.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/piel-de-tiburon-en-los-hospitales/

¿No te gusta tu cuerpo? ¡Cámbialo por el de alguien más!

Tu cerebro funciona perfectamente bien, pero por una variedad de razones puede que tu cuerpo no. Algún accidente, una terrible enfermedad, o simplemente ya no eres el mismo de cuando tenías 15 años, ya se notan los daños en todo tu mecanismo*. La solución del Dr. Canavero es trasplantar tu cabeza a un mejor cuerpo.

A grandes rasgos, el método que propone es decapitar a dos personas (el donador de cuerpo y el receptor –la cabeza-), pegar ambas partes con especial cuidado a la espina dorsal, y dejar reposar en coma durante cuatro semanas. Según Canavero, que es un neurocirujano italiano, las peores consecuencias son lo que podría ocurrir con la psique de la persona o los conflictos religiosos que esto podría desatar (cuestionaría en dónde se encuentra el alma de las personas).

Según la comunidad médica y científica en general, los mayores problemas del procedimiento propuesto son muchos otros, comenzando en que se escucha muy poco probable que sea exitoso. Al día de hoy sigue siendo dificilísimo unir la médula espinal dañada de una misma persona, por lo que unir la de dos diferentes (junto con todas las demás partes del cuello) es mucho más complicado.

Existen otros problemas. Por ejemplo, en casi cualquier país decapitar a dos personas, así sea con fines médicos, es un delito. La última vez que se intentó este tipo de procedimiento fue en 1970 y con un mono, que murió parapléjico a los 9 días. Las críticas bien sustentadas llenan largas listas en contra del médico italiano.

A pesar de las abundantes críticas Canavero está muy convencido de su idea y según él logrará conseguir fondos económicos y apoyos institucionales para realizar la hazañosa operación que duraría 36 horas y necesitaría asistencia de 150 personas.

En la ciencia, y más aún en la que tiene que ver con la salud de las personas, la confianza en uno mismo no es suficiente para asegurar que un procedimiento sea exitoso. Lo bueno es que la ciencia en general trabaja con consensos y revisiones de muchas personas, por lo que se ve poco probable que el trasplante de cabeza ocurra pronto.

*Tomado de la letra de “Dale de comer al conejito” de El Personal.
*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/no-te-gusta-tu-cuerpo-cambialo-por-el-de-alguien-mas/

La batalla entre el jugo de naranja y la pasta dental

El interior de nuestra boca es un campo de batalla, donde uno de los pares más famosos y aguerridos son el jugo de naranja y la pasta dental.

A muchos nos ha ocurrido el infortunio de tomar jugo de naranja después de lavarnos los dientes y paladear, en vez del esperado dulzor de este líquido, un sabor desagradable y amargo que nos hace querer no volver a tomar jugo o no volver a lavarnos los dientes. Ese mismo jugo, si lo probamos un rato después de nuestra higiene bucal, tiene otra vez el sabor dulce que nos gusta. Lo que cambió no es el jugo, sino nuestra boca.

En la lengua tenemos unas estructuras llamadas papilas gustativas que están formadas por diferentes células. Estas células en su parte exterior, la membrana, tienen receptores para las moléculas de sabor; para cada sabor existen receptores especializados. Cuando algo entra a nuestra boca, las distintas moléculas se pegan en los receptores, quienes mandan una señal al cerebro de si lo ingerido es amargo, dulce, salado, ácido, etc. La pasta de dientes engaña a estos receptores.

Uno de los ingredientes de muchos productos de limpieza, incluida la pasta dental, es el lauril sulfato de sodio, el cual es un detergente que produce espuma. Las propiedades detergentes del lauril sulfato de sodio le permiten deshacer cúmulos de grasa, algo muy útil cuando estamos tratando de limpiar un sartén donde acabamos de guisar chicharrón. La cosa es que las membranas de toda célula están también hechas, como el chicharrón, de grasas o lípidos.

Al lavarnos los dientes el lauril sulfato de sodio modifica momentáneamente las membranas de las células de las papilas gustativas. Los receptores a lo dulce son más sensibles a este químico y se suprimen, mientras que los ácidos se transforman en amargos. La batalla entre la pasta de dientes y el jugo de naranja es producto de dos confusiones: la de las papilas gustativas y la nuestra, al limpiar nuestra boca como si fuera un sartén con chicharrón.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/la-batalla-entre-el-jugo-de-naranja-y-la-pasta-dental/

El caracol suicida

Repentinamente un caracol deja su refugio y se desplaza hacia una rama alta, en una posición perfectamente visible para cualquier pájaro con antojo de caracol.

El molusco en cuestión, además de buscar este lugar idóneo para ser comido, despliega espirales en sus antenas que lo hacen aún más visible y atractivo para sus depredadores. En cuestión de momentos un pájaro lo devora. El caracol, aparentemente, se ha suicidado.

Además del caracol existen muchas otras especies “suicidas”: grillos que se lanzan al agua para morir ahogados, hormigas que se agarran de una rama y esperan inmóviles la muerte. Estos comportamientos tienen su explicación en la evolución, pero no de las especies suicidas, sino de los parásitos que llevan dentro. Estos parásitos han evolucionado para controlar mentes.

En el caso del caracol suicida, un gusano llamado Leucochloridium paradoxum es el responsable. El caracol se infecta cuando come excremento de pájaro, donde viven las larvas del parásito. Una vez dentro del caracol, el gusano pasa a su siguiente etapa de vida, que es en forma de bastón; viaja a las antenas de su hospedero, lo que produce que se vean como espirales llamativas, y al mismo tiempo hace que el caracol trepe hacia su muerte. Una vez que el pájaro se come al caracol, el parásito completa su ciclo de vida, se reproduce dentro del ave, y sale felizmente en el excremento para iniciar de nuevo con su manipulación.

La estrategia evolutiva de controlar el comportamiento ha sido muy exitosa, y varios parásitos diferentes manipulan el comportamiento de sus hospederos para su propio beneficio. En ratones, por ejemplo, Toxoplasma gondii (el causante de la toxoplasmosis) les quita el miedo natural hacia los gatos, promoviendo que se acerquen a ellos. Es dentro del intestino de los gatos que Toxoplasma completa su ciclo de vida.

Actualmente este parásito infecta a un tercio de la población humana, ¿será posible que manipule de alguna forma el comportamiento de las personas? Algunos estudios han encontrado correlaciones entre el suicidio y la infección Toxoplasma. Si bien esto sugiere una relación que sería interesante de seguir investigando, no quiere decir que nuestro destino y voluntad estén controlados como el del caracol.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/el-caracol-suicida/

El aguacate fantasma

A las plantas, como a varios de nosotros, les urge vivir alejadas de sus padres.

Las semillas son la forma que tiene el reino vegetal de dispersarse y germinar lejos de sus progenitores y así colonizar otros lugares y no competir con sus parientes por agua o luz. Algunas semillas se transportan con el viento, otras con el agua, pero la forma más efectiva es a través de animales. Adivinen por dónde.

No es casualidad que los frutos sepan y huelan rico. Los olores y sabores de los frutos son el anzuelo que atrae a los animales a ingerir las semillas, las transporten en su sistema digestivo y luego las saquen en el lugar donde germinarán, con un poco de abono incluido.

Esto nos lleva a preguntarnos por el camino de entrada y salida de las semillas de uno de los frutos mexicanos más deliciosos, el aguacate. ¿Quién comería y por ende desecharía, gratamente, la semilla de esta especie? Definitivamente algo más grande que los seres humanos.

Hasta hace 13 mil años en el Pleistoceno, en América, existían mamíferos tan grandes como un camión y a los que se les llama megafauna. La megafauna evolucionó junto con los aguacates y otros frutos de semillas grandes, como el mamey. Esta coevolución entre la megafauna y los aguacates fue lo que permitió que estos últimos pudieran ser dispersados, de alguna manera, los aguacates dependían evolutivamente de esta megafauna. Al extinguirse los animales que los dispersaban, el destino de los aguacates parecía quedar sellado. Afortunadamente, los humanos descubrimos su sabor.

Gracias a nuestro gusto por el guacamole y otras delicias a base de aguacate, los humanos nos hemos encargado de continuar con la dispersión de esta especie evitando su extinción. El aguacate conserva en su semilla el recuerdo de su historia evolutiva, un rasgo que hoy en día nos habla de fantasmas del Pleistoceno y que lo hace a sí mismo una aparición de otros tiempos.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/el-aguacate-fantasma/

Un mundo sin antibióticos

Una neumonía, una raspada en la rodilla y una caries hoy no nos parecen riesgos mortales, aunque tal vez pronto lo sean.
   
Antes del descubrimiento de los antibióticos cualquier infección podía significar la muerte. A partir de 1939, cuando se descubrió la penicilina, el mundo de la medicina cambió por completo. Hoy en día las cirugías, la quimioterapia y el tratamiento de toda infección bacteriana dependen de los antibióticos.

Pocos años después de que comenzó a utilizarse la penicilina aparecieron bacterias resistentes a ésta. Se creó entonces un nuevo antibiótico para matarlas, y pocos años después la misma historia ocurrió. Y otra, y otra, y otra vez. Con cada nuevo antibiótico hemos recorrido el mismo camino evolutivo que irremediablemente los vuelve obsoletos; nos estamos quedando sin armas contra las bacterias. Si esto ocurre, estaremos en un panorama similar al de antes de 1939.

En cualquier población de bacterias, como en una de personas o de plantas o de cualquier especie, existe variación, no todas las bacterias son igualitas. De forma natural es muy probable que existan algunas con una característica que las haga sobrevivir a los antibióticos. Cuando se introducen antibióticos, éstos matarán a todas las bacterias que no son resistentes, dejando la cancha libre para las que sí lo son, que se reproducirán y así crecerá la proporción de bacterias resistentes.

Esto es exactamente lo que ha ocurrido con todos los antibióticos hasta el día de hoy. El uso indiscriminado de estos medicamentos en humanos y otros animales ha hecho que éste sea uno de los mayores problemas de salud pública actuales, pues uno de los detalles importantes es que no somos los humanos quienes tenemos la resistencia a los antibióticos, sino las bacterias, lo cual quiere decir que cualquier persona, haya o no consumido antibióticos en su vida, puede infectarse por bacterias resistentes a antibióticos.

La historia de la resistencia a los antibióticos no tiene hasta ahora un final feliz. Tan sólo en Estados Unidos, las muertes por infecciones de bacterias resistentes a antibióticos superan al de muertes por SIDA. Mientras la humanidad encuentra una solución diferente para controlar infecciones, más vale consumir antibióticos cuando sea necesario y bajo supervisión médica, para al menos no contribuir más a este desarme evolutivo.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/un-mundo-sin-antibioticos/

La intriga de la mollera

“No le toques la cabecita al bebé porque le lastimas la mollera” es una prevención clásica en las familias y a la vez un rasgo evolutivamente engañoso.

Los bebés nacen con un huequito aguado en la tapa del cráneo que con el tiempo se vuelve rígido y que comúnmente llamamos mollera. Nuestros cráneos están formados por varios huesos; el punto de contacto entre huesos se llama sutura, y al nacer, las suturas craneales todavía no están fusionadas. De ahí que podamos sentir aguadito en la cabeza de los niñox.

Gracias a que no están fusionadas, durante el parto es mucho más fácil el paso del bebé a través del conducto vaginal, ya que algunos de estos huesos se traslapan y la cabeza se vuelve más angosta. Muchas madres (las más ñoñas) al saber esto seguramente exclaman: “¡Gracias evolución por tan gran diseño!”. Sin embargo, aunque el agradecimiento es válido, no lo es por lo que parece.

A primera vista podría pensarse que la mollera es una adaptación evolutiva. Esto es una característica cuyo origen está asociado a un proceso en donde los individuos que tuvieron ese rasgo en particular procrearon más hijos que los que no lo tuvieron, perpetuando esa característica generación tras generación.

Y aquí es donde se pone complicada la historia de la mollera. Hay muchos otros animales que la tienen, y lo sorprendente es que muchos nacen de huevo. En ellos, evidentemente, la mollera no sirve de nada. Esto nos indica que la mollera es un rasgo que existe desde hace muchísimos años, mucho antes de que incluso existiera el parto mismo, por lo que no fue una adaptación a éste.

Lo que probablemente sucedió es que la especie humana es tan sólo una heredera más de esta característica que se viene arrastrando desde hace cientos de millones de años y que nunca tuvo una utilidad. Simplemente es un subproducto de la manera en que se construyen los cráneos.

El que ahora nos convenga tenerla y efectivamente le haga la vida más fácil a las madres durante el parto es un ejemplo de cómo la evolución, por regla general, es mucho más oportunista que diseñadora. A la próxima que se le agradezca a la evolución, es más correcto decir: “¡Gracias evolución por ser tan aprovechada!”.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/la-intriga-de-la-mollera/

Calentamiento global en tu caldo de pollo

Nuestra atmósfera es similar a un caldo de pollo en cuanto a que atrapa calor y sus diferentes componentes lo liberan.
   
Una cucharada de caldo de pollo entra a tu boca, vas saboreando el arroz, una zanahoria, todo está perfecto. Pero entonces muerdes una papa y tienes que vergonzosamente abrir la boca y soplar con la mano mientras los demás te miran con pena. Te estás quemando y en varios sentidos.

Las verduras y cualquier otra cosa tienen capacidades distintas de absorber y liberar el calor del medio en el que están. En un caldo de pollo, los diferentes ingredientes hacen esto en diferentes medidas. Las papas cuando se cuecen absorben calor que liberan más lento que las demás verduras y por eso se tardan más enfriar que, por ejemplo, las zanahorias.

Nuestra atmósfera es similar a un caldo de pollo en cuanto a que atrapa calor y sus diferentes componentes lo liberan a distintas velocidades. Para esta propiedad de los gases atmosféricos se utiliza el término “potencial de calentamiento global”, y mide para cada gas cuánto calor atrapa en la atmósfera.

Gracias a que hay gases que guardan el calor del sol es posible la vida en la Tierra, pues crean un ambiente similar al de un invernadero pero de tamaño planetario, por eso se les llama gases invernadero. El problema con ellos es que últimamente los seres humanos nos hemos encargado de producirlos en cantidades que comienzan a calentar riesgosamente al planeta.

Muchas cosas que hacemos producen gases invernadero y eso se ve reflejado en su aumento. El dióxido de carbono es el gas invernadero más común y en los últimos 150 años ha aumentado en 30% su concentración en la atmósfera. Se produce principalmente con la generación de electricidad, el transporte, y la industria. Con cada molécula más de dióxido de carbono como con cada papa en el caldo de pollo viene asociado un potencial de calentamiento global.

Con nuestras actividades que generan gases invernadero podríamos decir que le estamos echando más papas al caldo atmosférico. Si meterse una cucharada con una papa a la boca nos puede remitir a las llamas del infierno, ahora imagínate cómo sería vivir dentro de una.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/calentamiento-global-en-tu-caldo-de-pollo/

La deliciosa tapita del muffin

“¿Me das un cachito de tu muffin?”, te pregunta inocentemente tu compañero de trabajo, que sin esperar respuesta se lleva la mitad de la “tapita” del pan.
   
¿No podría llevarse otra parte? ¿Por qué siempre es la tapita tu parte favorita? Bueno, es que la tapita resulta ser también la parte favorita de tu ahora odiado colega, y la de toda la humanidad.

En el proceso de horneado, cuando se combinan el azúcar o carbohidratos con las proteínas en presencia de calor, ocurre una reacción química llamada “efecto Maillard”, que hace que la superficie de los panes se dore. La reacción de Maillard no sólo ocurre en los panes, sino en casi cualquier alimento que contenga carbohidratos y proteínas y se exponga a mucho calor con un poco de humedad.

“Sellar” las carnes, así sean una pechuga de pollo, un medallón de filete o un trozo de atún, no tiene como propósito el evitar que se le salgan los jugos, ni se ponen doradas porque se estén quemando. Esta reacción, que ocurre especialmente en el horneado, rostizado y freído de los alimentos, además de cambiar el color de la comida por las nuevas moléculas que produce, genera sabores, texturas y olores particulares.

Es por esto que un mismo producto, por ejemplo un filete de pescado, huele diferente si es hervido a si es frito. Es también por esto que para darle un toque de sabor a un filete rostizado se le añade en la superficie un glacé dulce; mientras más azúcar o proteínas existan, la reacción de Maillard será más fuerte. El café tostado, las palomitas de maíz, la cerveza, el arroz y claro, los muffins, deben su sabor a esta reacción.

En los panes dulces, que de por sí ya tienen mucha azúcar y en ocasiones contienen frutas, la reacción de Maillard produce nuevas moléculas que suben a la superficie cuando la masa comienza a esponjar. Si, además, se les añade como es costumbre una capa de huevo o leche en la costra, el resultado es que tu compañero de trabajo y tú peleen por la tapita del pan.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/la-deliciosa-tapita-del-muffin/

No fui yo, quienes te intensearon fueron los congéneres

“Yo tequila no, porque me pone…” Todos tenemos este tipo de auto-censura hacia ciertas bebidas alcohólicas que, según nosotros, nos inducen estados de ánimo particulares: que si con cerveza soy más divertido, con martinis me pongo insoportable, con tequila no dejo de cantar rancheras.

Durante el día siguiente también existe este patrón en la cruda: a pesar de que podemos ingerir la misma cantidad de alcohol, no es lo mismo si viene de cuatro vodka tonics que de una botella de vino. La razón de esto está parcialmente en los congéneres.

Los congéneres son moléculas que se encuentran en las bebidas alcohólicas y les dan sus olores, colores y sabores particulares. Vienen de las plantas que se usan para producir el alcohol, también pueden ser subproductos de la fermentación, hay veces que se les añaden para generar un sabor particular, y otras veces pueden venir incluso de las barricas donde se añejan los productos. Los famosos taninos que le dan esa sensación agarrosa al vino son congéneres. La regla general es que, entre más congéneres tiene una bebida, más obscuro es su color y peor es la cruda.

Los congéneres son además en parte responsables de esos estados de ánimo particulares para cada tipo de alcohol. Se sabe por ejemplo que los congéneres que salen de las barricas de encino donde se añeja el whisky inhiben la acción de la proteína encargada de metabolizar el alcohol en la sangre (la alcohol-deshidrogenasa), lo que significa que un whisky de 20 años se quedará en tu cuerpo más tiempo que uno de cinco. Esto, evidentemente, tendrá consecuencias en tu actuar durante la borrachera.

Además de estas moléculas, la psique tiene mucho que ver con nuestro comportamiento en sociedad en presencia del alcohol. Se sabe que si nos predisponemos a estar en un mood particular, es más fácil entrar en él. Por ejemplo, si asociamos el vino con “una vida bohemia”, o la champagne con ambientes festivos, entonces cuando tomemos estas bebidas entraremos en esos estados de ánimo con mayor facilidad. Incluso se ha comprobado que una persona que no está consumiendo alcohol, pero está en una reunión donde todos los demás sí, comenzará a mostrar características de borracho incluso en sus capacidades de reacción (tiempo de re evaluar al conductor designado).

Entonces, ¿qué hacer para evitar estados de ánimo indeseables y crudas peores aún? Lo que es totalmente seguro es que entre más alcohol consume uno, más borracho se pone y peor es la cruda. Ya cada quién sabrá a qué o quién responsabilizar del llanto o la alegría.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/mente/no-fui-yo-quienes-te-intensearon-fueron-los-congeneres/

Hormonas de aquí pa´llá y de vuelta

Las hormonas afectan nuestro comportamiento, pero… ¿cómo? Es común encontrarnos con investigaciones en las que los titulares dicen algo así como: “hombres con más testosterona son más infieles” o “las mujeres producen más oxitocina y por eso son buenas madres”. Esto puede que tenga algo de cierto, pero obvia un punto muy importante: la relación de nuestro comportamiento y las hormonas no es unidireccional. Va de allá p’acá y de vuelta.

Como ya sabemos y seguramente hemos experimentado, las hormonas afectan nuestro comportamiento, pero lo que pocas veces se dice es que la producción de hormonas está a su vez influida por nuestro comportamiento y el de los demás, así como otros factores ambientales.

Por ejemplo, se ha visto que situaciones de competencia estimulan la producción de testosterona en seres humanos. También se han hecho experimentos en ratas donde las que se someten a retos comienzan a producir más de esta hormona. Incluso la postura corporal que adoptemos tiene un efecto en la producción de ésta y otras hormonas. Esto cambia la perspectiva y nos da otro foco sobre las afirmaciones de que las personas con más testosterona son más competitivas o exitosas… tal vez lo que suceda es que han sido expuestas a más situaciones de este tipo, y también puede que sea una combinación de esto y de la biología personal.

¿Y eso qué tiene que ver conmigo? Toda nuestra vida hemos estado expuestos a contextos donde los roles de género están presentes en mayor o menor grado. La evidencia de estudios como los mencionados arriba nos hace pensar que tal vez estas situaciones tengan algo que ver con las hormonas que liberamos y nuestro comportamiento, que casualmente encaja con esos roles de género. Es tiempo de reflexionar sobre si experiencias como pasar más tiempo con bebés, competir por un trabajo, ver una película de acción o una chick flick pueden tener influencias que no imaginamos.

La moraleja de este asunto es que la confección de nuestra personalidad es algo muy complejo que no se puede reducir a un solo factor. Hay que sacudirnos de determinismos biológicos, responsabilizarnos de ser buenos o malos padres, parejas, etc. Somos entes muy flexibles, influenciables, y no solamente por las hormonas.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/mente/hormonas-de-aqui-palla-y-de-vuelta/

El transporte público de los microorganismos

El mundo pertenece a las bacterias: tan solo en el cuerpo humano hay 10 células bacterianas por cada célula humana.

Tal vez como un afán de seguir minimizando la apabullante presencia de estos seres vivos unicelulares, le hemos puesto “microbioma” a la diversidad de organismos presentes en determinado ambiente.

El microbioma es una cosa interesantísima, no sólo porque puede servir para encontrar nuevas especies, riesgos asociados a éstas, curas para enfermedades, etc; el microbioma también nos puede contar historias y chismes, pues los seres humanos somos un tipo de ambiente para los bichos, y éstos no mienten.

Por ejemplo, se ha visto que las personas que viven en una misma casa tienen microbiomas más similares que familiares que no viven en esa casa. Analizando el microbioma de alguien se puede predecir si tiene perros, gatos o niños pequeños viviendo con ella. Cada vez que tocamos algo, dejamos una embarrada de nuestro microbioma en esa superficie. Esto en el futuro podría servir para sustituir a las huellas digitales en investigaciones forenses.

Con tantas personas dejando rastros de sus bichos por todos lados, el transporte público debe ser uno de los lugares más interesantes para estudiar el microbioma. Esto hicieron en Nueva York, donde cada año se transportan 1.7 mil millones de personas.

Entre muchas cosas, los resultados indican cada estación puede definirse por su microbioma particular, y que esto refleja la diversidad de humanos que pasan por ahí. Existen estaciones que tienen más presencia de Lactococcus lactis, la bacteria asociada al queso mozzarela; otras estaciones presentan Leuconostoc citreum, que se usa para fermentar el kimchi coreano; la estación South Ferry, que durante el huracán Sandy estuvo completamente inundada, al día de hoy permanece cerrada y tiene un microbioma que se parece más al de un ambiente marino que al de cualquier otro lugar del metro.

La diversidad de bacterias del metro es un retrato de las personas que pasan diario por él: sus costumbres, lo que comen, dónde trabajan, cerca de quién viven. ¿O será que mas bien somos nosotros el retrato de los bichos que nos usan de transporte? Como dice Christopher Mason, uno de los autores del estudio, “eres una parte minoritaria en la democracia del cuerpo”.

*Publicado originalmente en:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/el-transporte-publico-de-los-microorganismos/

Una Australopithecus en tacones

La culpa del cansancio de los pies por el uso de tacones y tenis, ¡en realidad no la tienen ellos! Todo es responsabilidad de la evolución.

Nos comienza a doler el arco del pie y apresuradamente culpamos a los tacones que trajimos todo el día, a los tenis que nos prometieron amortiguar el paso y no lo cumplieron, o incluso a nuestros flats por estar demasiado flats.

Cierta culpa tienen todos estos diversos tipos de calzado, pero la mayor parte de la responsabilidad se la lleva la evolución.

Hace más o menos 5 millones de años comenzó en nuestros antepasados un cambio que llevaría a una de las principales características de nuestra especie: el bipedalismo. Pasamos de andar en cuatro patas, como lo hacen los monos, a andar solamente en dos.

El cambio trajo muchas ventajas, entre ellas la liberación de nuestras manos, que entre otras cosas permitió que nos hiciéramos especialistas en utilizarlas ya sea para fabricar herramientas u otras ociosidades. Ciertamente esto fue una gran fortuna para la especie humana, pero pocas veces se cuenta que con esta liberación de nuestras extremidades anteriores, vino la esclavitud de nuestros pies.

La evolución está muy lejos de ser una gran diseñadora. De hecho, se parece más bien a cualquiera de nosotros tratando de arreglar desesperados una fuga del baño con lo primero que encontremos y como mejor se nos de a entender.

Existen grandes adaptaciones en las especies, pero también existen grandes diseños fallidos. Los pies pasaron de ser extremidades versátiles (basta con mirar lo que hacen los monos con ellas), a tener la única función de caminar y absorber el shock de hacerlo a través del arco. Como nosotros con la fuga en el baño, esta compostura evolutiva se hizo con lo que había disponible, en este caso muchísimos más huesos de los necesarios para una estructura cuya mayor virtud es la rigidez.

Gracias a que 26 pequeños huesitos se las arreglan para dar soporte a todo nuestro cuerpo, es muy fácil que se muevan, pierdan la firmeza y nos provoquen toda una serie de malestares en los pies: tendonitis, caída de arco, ruptura de tobillo y un largo etcétera.

Lucy, la Australpithecus que vivió hace 3 millones de años, famosa por ser uno de los fósiles clave para el estudio de la evolución humana, pudo no haber usado stiletos, pero también sufrió de dolor en los pies.

*Publicado originalmente en el sitio de la revista Moi:
http://www.marthadebayle.com/sitio/revista/moi/australopithecus-tacones/