porque los misteriosos caminos de la evolución tienen sus causas, consecuencias y víctimas

12.2.14

A los enamorados que los encierren

Le dedico este post a mi amigo Memo, activista del amor. 

Mi querida madrastra, cuando nos da consejos sobre el amor, repite que a los enamorados deberían encerrarlos durante dos años, y después dejarlos tomar decisiones por si mismos. Fracasos amorosos aparte, creo que he tomado muchas malas decisiones al estar enamorada. Acciones que luego no entiendo en qué estaba pensando, y que definitivamente no haría en mis cinco sentidos. Llantos y dramas espontáneos, pasar de la felicidad a la tristeza al ver un mensaje que sólo dice "ok".



Tratar de reducir el enamoramiento a una serie de reacciones químicas me parece muy en contra de mis principios, es decir del romance. Además no creo en que casi ningún proceso, ni en humanos ni en otros seres, sea únicamente la suma de sus elementos. Sin embargo, de que ocurren reacciones químicas en nuestros cerebros que determinan hasta cierto punto nuestro comportamiento, y por lo tanto nuestra toma de decisiones lelas cuando estamos enamorados, pues es cierto. Aprovechando la coyuntura de que se acerca el 14 de febrero, y por lo tanto todos TODOS, a pesar de ser grinchs como yo de estas ridículas fechas, vamos a estar rodeados de corazones y parejitas con globos, y muy probablemente varios coches llenos de post its, me gustaría ofrecer una disculpa por estas ridículas personas. No los culpen por su mal gusto, el amor provoca locura. En particular, son dos neurotransmisores (moléculas que pasan información de una neurona a otra) los que hacen que se nos bote la canica.



Dopamina
Nos hace sentir motivación, placer, adicción, atención y lujuria. La dopamina incrementa sus niveles en ciertas regiones del cerebro asociadas a la adicción a drogas como la cocaína, que casualmente también se incrementan al ver una imagen de nuestro objeto del deseo. La dopamina en realidad es una señal de incentivo de predicción de recompensas. Por ejemplo, cuando un adicto ve su droga, comienza el flujo de dopamina en su cerebro pues predice que obtendrá esa droga. Si no la obtiene, viene un bajón de dopamina que se siente muuuuy mal. En pocas palabras, la dopamina es responsable de los estímulos de recompensa, hace que nos sintamos bien si obtenemos lo que deseamos o se nos antoja, y mal si no lo obtenemos. Este hecho puede ser benéfico, al promover la formación de buenos hábitos, pero también muy malo pues podría llegar a fomentar el desarrollo de adicciones. Piensen que en vez de la visión de droga en el adicto es la visión de su enamorado, y los efectos pueden ser desastrosos.

Serotonina
La serotonina tiene muy diversas funciones en el cuerpo, entre ellas la regulación de los cambios de humor, el apetito, y el sueño. Está asociada a emociones que ayudan a superar adversidades, a no tirar la toalla en situaciones difíciles, a no espantarse ante la vida. El LSD emula en el cerebro la acción de la serotonina, y es lo que causa la conmoción y asombro propios de ese estadazo.La falta de este neurotransmisor pone a la gente muy mal: ataques de pánico, ansiedad, depresión y transtorno obsesivo compulsivo son algunas de las condiciones que genera. Amor es la otra. Los niveles de serotonina en personas enamoradas son aproximadamente 40% menores que personas que no lo están, niveles parecidos a las condiciones que mencioné, en particular al transtorno obsesivo compulsivo.

En conjunto, el coctel que produce el enamoramiento nos hace sentir infatuados, deprimidos, obsesionados, ansiosos, adictos. Las personas que sufren de esto están bajo vigilancia médica y en tratamiento, lo que me hace pensar en cuánta razón puede tener mi madrastra.



***Es importante saber que estos neurotransmisores, en particular la serotonina, tienen funciones muy complejas y que todavía no comprendemos del todo. Tienen varios receptores no sólo en el cerebro e intervienen en varios procesos no mentales, como el funcionamiento de los intestinos o la constricción de vasos sanguíneos. Las emociones, sentimientos y transtornos mentales tampoco son como un switch que dependa del flujo de ciertas moléculas; son condiciones súper complejas en las que intervienen muchísimos factores y la interacción entre éstos.***

Para saber más sobre la dopamina: http://www.slate.com/articles/health_and_science/science/2013/07/what_is_dopamine_love_lust_sex_addiction_gambling_motivation_reward.html

Y sobre la serotonina: http://www.nytimes.com/2011/05/03/science/03angier.html?pagewanted=all&_r=0

Por cierto, hoy es el cumpleaños 205 de Darwin!!! Darwin es amor, como muestra la figura:

9.2.14

El diálogo necesario para el litoral.

En 2013 volví a ganar el primer lugar en el Premio Nacional de Divulgación y Periodismo Científico en categoría estudiantes de posgrado que da el CONACyT. El artículo con el gané es sobre conservación de litorales, y la idea se la debo a mi amigo Guillermo Castillo, quien me habló apasionadamente del tema pues había visto una conferencia magistral de Exequiel Ezcurra en el Congreso Mexicano de Ecología. Ahí les va:

El diálogo necesario para el litoral
En el borde entre el agua dulce y la salada, el mar y la tierra, prosperan los mangles. Estos árboles de raíces externas y ramificaciones laberínticas son la especie predominante y de la que toma su nombre el manglar, ecosistema que se desarrolla alrededor de esteros y lagunas costeras, sobre la línea del litoral. Representan un lugar de transición entre lo terrestre y lo marino, y en sus enmarañadas tripas guardan uno de los ecosistemas más diversos que existen. Pareciera como si su característica fronteriza marcara su destino, y lo dulce y lo salado se combinaran en un conflicto agridulce que enfrenta el manglar mexicano.

México es un país privilegiado con más de 10 mil kilómetros de litoral, por lo que se ubica entre las cinco naciones con mayor extensión de mangle en el mundo. Sin embargo, como tantas otras cosas en nuestro país, el medio ambiente no se salva del contraste. Desde hace más de 20 años se pierde anualmente el 2% de la superficie de este ecosistema. A pesar de que se cuentan con programas nacionales y estatales para el cuidado ambiental, éstos no parecen ser suficientes. Más allá de que otras especies se vean afectadas, el deterioro ambiental nos impacta directamente. Esto no es trivial: el sostén de nuestra existencia se encuentra en el ambiente.
Detrás de cualquier actividad humana están presentes los beneficios que nos brindan los ecosistemas, desde comida, agua y materias primas hasta procesos que regulan el clima, las corrientes marinas y de viento, la regulación de enfermedades, e incluso la recreación o el simple disfrute y contemplación de la naturaleza. La vida humana depende completamente de estos servicios ecosistémicos y, por lo tanto, nuestro bienestar pende de los hilos que se tejen dentro de ecosistemas como los manglares.

La intrincada maraña de ramas, troncos y raíces del mangle ofrece una enorme variedad de servicios ecosistémicos. Decenas de especies de peces, crustáceos y moluscos se sirven de sus recovecos para depositar huevos, donde después se refugiarán y alimentarán sus crías; muchas de estas especies son de interés comercial para la pesca y muchas otras son esenciales para mantener el balance ecológico de nuestros mares. Además, el manglar actúa como barrera natural contra inundaciones, huracanes y erosiones de la playa. Dentro de los manglares se genera una gran cantidad de nutrientes que alimentan a los arrecifes de coral, pastos marinos, e incluso al propio mar. Por si esto fuera poco, la belleza de sus paisajes atrae al turismo, industria creciente en nuestro país. Sin embargo, es esta misma industria una de las mayores amenazas para el manglar.
En los últimos 30 años se ha perdido más del 20% de la superficie mundial de manglares. En México, las principales causas de esta pérdida son las actividades agrícolas, ganaderas, acuícolas y turísticas. Muchos de los sitios más populares se encuentran precisamente a la orilla del mar, donde se distribuye el manglar, o en zonas muy cercanas a éste. La construcción de complejos hoteleros ha arrasado vorazmente con la extensión de estos bosques salobres, lo cual representa un peligro inminente, ya sea por los desechos asociados a la presencia humana, o por la destrucción misma de los mangles para construir sobre los terrenos. Siendo el turismo una de las principales actividades económicas del país, vale la pena preguntarse: ¿el desarrollo económico tiene que estar necesariamente asociado al deterioro ambiental?

Entre los servicios ecosistémicos económicamente más rentables del manglar se encuentran los que ofrece a la industria pesquera. Gracias a que sirven como guarderías para muchas especies de interés comercial y abastecen de nutrientes los sitios aledaños, la pesca depende en gran medida de la salud de los manglares. Los investigadores Octavio Aburto Oropeza, del Centro para la Biodiversidad y Conservación Marina, y Exequiel Ezcurra, director del Instituto para México y los Estados Unidos, ambos de la Universidad de California, han demostrado que la cantidad de desembarques pesqueros, es decir, de cuánta pesca existe en un lugar, está correlacionada con la abundancia del manglar. A su vez, esto está positivamente relacionado con las ganancias de cada pesquería.  Para probar la hipótesis de que la cantidad de bosque de mangle tiene una relación directa con la captura de peces, Octavio, Exequiel y sus colaboradores analizaron datos de pesquerías y manglares del Golfo de California.

Los investigadores recabaron información existente sobre los desembarques pesqueros de especies comercialmente importantes en 13 localidades de la costa del Golfo: mojarra, huachinango, langosta, róbalo, bagre, entre otras. Después obtuvieron el área de manglar de estas localidades y buscaron una relación entre ésta y los desembarques. De existir, esto indicaría que la cantidad de pesca en cierto lugar depende del manglar. Sus resultados muestran que, efectivamente, mientras más manglar existe, los desembarques de todas las especies aumentan. Encontraron también que esta relación está mejor explicada por el borde del manglar sobre la costa, y no por el área total de superficie. Esto quiere decir que la importancia del manglar radica en su extensión linear sobre el litoral, el cunero de las especies marinas.

El trabajo de Aburto y Ezcurra va más allá. Con base en los precios que se les paga a los pescadores locales, calcularon las ganancias económicas anuales de este ecosistema. La cifra que obtuvieron va de los 25 mil a los 50 mil dólares por hectárea, un número 200 veces mayor al que actualmente el gobierno mexicano ha establecido como precio por el manglar. Es importante señalar que estas ganancias están basadas exclusivamente en la pesca, ignorando los demás servicios ecosistémicos, por lo que la subestimación económica y ecológica del manglar por parte de las autoridades es aún mayor, con lo que se arriesga la existencia y bienestar de las especies que dependen de él, incluidos los seres humanos.

Esta subestimación ya ha sido puesta en práctica. La industria mal gestionada del turismo es de los más grandes peligros, no solamente para el manglar, sino para todo el litoral mexicano. Las playas y arrecifes están constantemente amenazados por monstruosos planes de desarrollo que proyectan complejos de miles de habitaciones. Algunos de estos proyectos se han vuelto realidad, y las consecuencias han sido desastrosas: la destrucción que causó en Cancún el huracán Wilma, en 2006, comparada con los daños menores del huracán Dean, en Chetumal en 2007, se deben principalmente a que en Cancún el manglar ha desaparecido casi por completo, dejando desprotegida a la playa de la retícula que amortigua el paso del huracán. Una solución viable a estos problemas es encontrar el equilibrio entre el cuidado ambiental y el desarrollo económico.
El diálogo entre ciencia, sociedad civil y gobierno es la manera en que se pueden planear proyectos que beneficien tanto a la población como al medio ambiente, asegurando el futuro de ambos. Un ejemplo exitoso de este diálogo es el de Cabo Pulmo, en Baja California Sur. Esta área natural protegida (ANP) es la única con la pesca restringida al 100%, por decisión de sus pobladores. Después de 10 años con esta medida, en Cabo Pulmo ha ocurrido algo que puede clasificarse de extraordinario.

Por medio de observaciones y conteos submarinos del número y tamaño de peces habitando en Cabo Pulmo, Aburto, Ezcurra y sus colaboradores determinaron que de 1995, año en que el lugar fue declarado ANP, a 1999, la cantidad de materia viva o biomasa de este lugar se mantuvo sin diferencias, con aproximadamente 0.75 toneladas por hectárea. La cifra no es distinta de la de otras ANPs en el Golfo de California ni de zonas pesqueras. Pero de 1999, año en que se restringió el 100% de la pesca, a 2009, la biomasa incrementó 463%: el mayor y más rápido incremento registrado en cualquier reserva marina alrededor del mundo, alcanzando más de 4 toneladas por hectárea. Esta cifra es similar a la de áreas que no han estado sujetas a perturbaciones, por lo que se puede decir que Cabo Pulmo ha regresado a condiciones prístinas en tan sólo 10 años. Sus habitantes modificaron sus estilos de vida, pasando de ser principalmente pescadores, para actualmente dedicarse al ecoturismo.

Así como en el manglar se mezclan aguas dulces y saladas, para la conservación ambiental se debe mezclar la ciencia y la sociedad. El trabajo del equipo de Octavio y Exequiel muestra un punto muy importante que va más allá de sus resultados científicos: los procesos ecológicos tienen una conexión directa con los beneficios sociales, al mismo tiempo que la población, para bien o para mal, puede intervenir en esos procesos. El futuro del litoral mexicano, pero también el futuro de nuestro bienestar, depende de que nos demos cuenta de que lograr un equilibrio entre los intereses económicos y ambientales es posible, y sobre todo necesario.  

Referencias
Aburto-Oropeza, O., E. Ezcurra, G. Danemann, V. Valdez, J. Murray, y E. Sala. 2008. Mangroves in the Gulf of California increase fishery yields. Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA 105(30): 10456–10459
CONABIO. 2009. Manglares de México: Extensión y distribución. 2ª ed. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. México. 99 pp.
Aburto-Oropeza, O., B. Erisman, G.R. Galland, I. Mascareñas-Osorio, E. Sala, y E. Ezcurra. 2011. Large recovery of fish biomass in a no-take marine reserve. PLoS ONE 6(8): 1-7