porque los misteriosos caminos de la evolución tienen sus causas, consecuencias y víctimas

20.11.13

Daños colaterales en la evolución: las muelas del juicio

*Este post es una colaboración para Historias Cienciacionales, excelente blog de ciencia de unos muchachos increíbles. 

Un dolor en la mandíbula, hinchazón, fiebre. Pocos son los que se salvan de esa temida visita al dentista en la que el veredicto es la extirpación de las muelas del juicio. A pesar de que deben su nombre a la edad en la que por lo general comienzan a salir (entre los 16 y 25 años, cuando supuestamente una persona entra a la etapa adulta y tiene “juicio”), la molestia, el miedo y el dolor, alejados del razonamiento, se preguntan: ¿A quién culpar?

Dibujo de Lim Heng Swee

Hansel H. Steadman cree que el gran cerebro que caracteriza a nuestra especie, Homo sapiens, es el responsable. Este investigador y sus colaboradores descubrieron que de todos los primates, el ser humano es el único en el cual el gen MYH16, constructor de los músculos de la mandíbula, está defectuoso. Como resultado, los seres humanos tenemos mandíbulas mucho más débiles y pequeñas en comparación con otros animales. “Los músculos son escultores del hueso”, comenta Steadman, y por lo tanto intervienen en la estructura ósea. Su propuesta es que la reducción de los músculos mandibulares “liberó” al cráneo, permitiendo que el cerebro aumentara su tamaño.

Los investigadores compararon la secuencia del gen MYH16 humano con el de otros primates para calcular el tiempo en el que ocurrió este cambio. Según sus cálculos, fue hace 2.4 millones de años, tiempo que corresponde grosso modo con la aceleración del aumento craneal y la reducción mandibular que se observa en los cráneos de las especies ancestrales a Homo sapiens. “Esto representa la primera distinción en proteínas entre humanos y chimpancés que puede ser correlacionada con una señal identificable del registro fósil”, dicen los autores.

Como evidencia adicional, examinaron varios cráneos de primates y se dieron cuenta de que todos, menos el ser humano, poseen crestas craneales, estructura donde se sujetan los huesos de la mandíbula. Ellos hipotetizan que la pérdida de éstas fue justamente lo que permitió que los cráneos humanos evolucionaran la forma grande y redondeada que los caracteriza hoy en día, dando espacio para cerebros con mayores capacidades que dieron ventaja a nuestros ancestros y les permitieron sobrevivir con éxito en las planicies de África.

El crecimiento del cerebro y otros rasgos que nos distinguen como especie son seguramente producto de la interacción de varios genes, donde MYH16 es sólo una de las primeras piezas en ser descubierta. Tener cerebros grandes fue sin duda ventajoso, pero trajo como consecuencia adicional la reducción mandibular, dejando poco espacio para los últimos molares. Esto fue, por así decirlo, un daño colateral en la evolución de nuestra especie que sólo ha beneficiado a los dentistas.  

Imagen tomada del artículo original, donde se observa en naranja las áreas a donde se sujetan los huesos de la mandíbula en macacos, gorilas y humanos, así como las proporciones cráneo-mandíbula en estas especies.