porque los misteriosos caminos de la evolución tienen sus causas, consecuencias y víctimas

24.8.12

El congreso de evolución 2012

Este julio asistí por primera vez a un congreso internacional. Hasta antes de esto, mi experiencia había sido únicamente en congresos mexicanos. Con un poquito de complejo de Malinche (que sospecho, nos guste o no, cargamos casi siempre los mexicanos), esperaba un nivel muy superior en el congreso de evolución a celebrarse en Canadá, que por primera vez reunió a las cinco principales sociedades del estudio de la evolución: the American Society of Naturalists (ASN), the Canadian Society for Ecology and Evolution (CSEE), the European Society for Evolutionary Biology (ESEB), the Society for the Study of Evolution (SSE), y the Society of Systematic Biologists (SSB).

Así que como en esas películas donde la protagonista provinciana llena sueños y con dos maletas llega a ciudad capital, arribé a Ottawa, Canadá. Grandes nombres se leían en los gafetes de los asistentes: James Mallet, Douglas Futuyma, Daniel Funk, Patrik Nosil, Hopi Hoekstra. Hasta el momento, la película seguía el guión al pie de la letra. Me encontraba entre mucha estrella evolutiva del momento.

Después del primer día y tras asistir a muchas mini-charlas (15 min), comencé a pensar que la brecha imaginaria entre el congreso internacional y nuestros análogos nacionales, en realidad no era tan grande como supuse al principio. Otros compañeros del instituto compartieron este sentimiento. La calidad de muchos de los trabajos que se presentan en México es tan buena como la de muchos que se presentaron en Canadá, en investigaciones realizadas en todo el mundo. Por otro lado, también hay muchos trabajos de medio pelo, lo cual, aprendí, está bien: no es necesario tener el mejor trabajo posible para ir a un congreso internacional. Muchos de los trabajos presentados estaban en su etapa inicial o intermedia, lo cual generaba discusión y opiniones que pueden ayudar en etapas posteriores, así como para encontrar nuevos colaboradores, por lo que puede resultar muy fructífero presentar investigaciones que todavía no están acabadas.

Sin embargo, el congreso no sólo se conformó de mini charlas, y fue en esas otras actividades en lo que sí noté la diferencia. Mi balance de todo esto es que reflejan una cuestión general: la ciencia (en este caso particular enfocada en la evolución) se puede comunicar de distintas maneras, y esto es lo que, desde mi punto de vista, marcó la diferencia entre México y el resto de Norte América. En el congreso internacional la manera de compartir la ciencia, tanto entre científicos como entre el resto de la gente, vino en diversas formas. Esto es una aproximación diferente y más rica de la que tenemos en México, de la que podemos aprender. A continuación puntualizó algunos ejemplos sobre esto.

Sesión de carteles. El nivel de los carteles fue similar al de las charlas. Es decir, la mayoría de ellos mostraban trabajos excelentes, y al contrario de lo que normalmente sucede en México, donde los carteles por lo general son delegados a estudiantes de licenciatura, en este congreso había investigadores (algunos de ellos muy conocidos y renombrados como Mike Travisano, Rosie Redfield y Juan Pablo Jaramillo) presentando sus trabajos. Esto habla de que carteles y pláticas se entienden como diferentes formatos para trabajos de cualquier nivel y calidad, donde algunas investigaciones por su naturaleza tienen mejor cabida en uno u otro (o también porque la fecha límite para las pláticas cerró antes que la de los carteles). A mi parecer (que puede estar muy equivocado), en México los carteles se toman como si fueran de un rango menor, y es raro ver a investigadores titulares exponiendo así. Para mi esto alimenta un sistema jerárquico en la investigación (en vez de un sistema más horizontal, que a mi me parecería el más saludable), frena el entrenamiento para presentar información sintetizada en un área de 1m cuadrado, y sobre todo le resta excitación académica a las sesiones de carteles en México.

Educación y outreach. La investigación evolutiva en Estados Unidos enfrenta grandes problemas en contra del creacionismo, que no deja de ser una corriente fuerte en este país. Debido a esto, se han creado instancias como NSCE y NSCENT, que dedican parte de sus esfuerzos a promover la educación de la evolución. El propio SSE tiene una rama especializada en educación, que cada año organiza un simposio dedicado a este asunto. En el simposio de este año se expusieron varios esfuerzos que existen en Estados Unidos para la educación de la evolución en varios niveles. Por ejemplo, la revista PLoS Biology tiene una iniciativa en la que se publican artículos de biología junto con materiales asociados para su enseñanza. DRYAD, un repositorio de las bases de datos de trabajos publicados, tiene algo similar, donde se invita a crear prácticas o ejercicios para estudiantes de bachillerato o licenciatura con base en los datos que se han hecho públicos en ese portal. Además de este simposio, hubo varios carteles sobre educación de la evolución.

Política. Durante la sesión plenaria del presidente de la CSEE, Spencer Barrett habló a grandes rasgos de su vida y trabajo académico. Disfruté muchísimo de esta plática, donde Barrett explicó cómo ha logrado dar respuesta a hipótesis (algunas de las cuales vienen directamente de textos de Darwin) con tecnología de los viejos tiempos: haciendo cruzas y observaciones en su jardín. El énfasis de Barrett en el uso de técnicas simples para responder preguntas tenía un objetivo claro, alejado de la nostalgia y del recuerdo. Barrett puso el foco en la situación actual que vive la ciencia en Canadá: un panorama de recortes y censura, desprecio por la ciencia básica y la evidencia. Con este motivo, invitó a los asistentes del congreso a la protesta a realizarse al día siguiente, que saldría del lugar donde se realizaba el congreso hacia el parlamento, bajo el título “the death of evidence”. A la protesta se unieron muchas personas, de todas las edades. En México los científicos también están politizados, basta con echar un vistazo a la UCCS. Lo que nunca he visto es una protesta convocada por científicos, y creo que tenemos muchas cosas por las cuales protestar.

Comunicación de la ciencia (que no es lo mismo que educación). La primer sesión plenaria estuvo a cargo de David Quammen, ganador este año del premio Stephen Jay Gould por esfuerzos para el entendimiento público de la evolución. Esta fue plenaria abierta, podían asistir no solamente los inscritos en el congreso. De entrada, el congreso dio un lugar importante a la divulgación de la ciencia, ya que además de esta conferencia, se llevó a cabo el taller “social media for scientist”, donde varias personalidades expertas en diferentes medios (un periodista de ciencia, un escritor de divulgación, la ex directora de ciencia en discovery channel, y una tuitera experta) dieron consejos sobre cómo los científicos deben manejarse ante diferentes situaciones: entrevistas en la televisión y radio, noticieros, reportajes. Esto habla de una necesidad de los científicos de saber hablar a los medios, y si tienen esta necesidad podemos suponer que están expuestos constantemente a entrevistas en radio, televisión y medios escritos. Entre los ponentes en este taller se encontraba Carl Zimmer, divulgador de la ciencia especialista en temas evolutivos, y que publica regularmente en revistas como The New York Times. Durante todo el congreso, Carl Zimmer estuvo yendo de una charla a otra, mientras tuiteaba datos interesantes sobre éstas. En este aspecto creo que en México nos falta un largo camino por recorrer. Existen pocos expertos en la divulgación de la evolución, y parece no existir un interés en que esto cambie.

Otra conferencia magistral tocó un punto relacionado. El año pasado, durante una conferencia de prensa y bajo la expectativa de todo el mundo, la NASA anunció la posibilidad de vida en otros planetas, con base en el estudio de Felisa Wolfe-Simon y colaboradores, en el que supuestamente había encontrado bacterias que integraban arsénico en vez de fósforo en su ADN. Rápidamente surgieron diversas críticas en las redes sociales, especialmente en twitter y en blogs; Rosie Redfield, microbióloga, tuitera y bloguera frecuente, fue una de las principales escépticas ante este descubrimiento, lo cual finalmente culminó con la publicación, también en Science, de un artículo que refuta los resultados de la vida basada en arsénico. Rosie dio una conferencia magistral sobre este asunto; no sobre su nuevo artículo en Science, sino sobre cómo se construye la ciencia, en este caso en específico, con ayuda de las redes sociales. Lo que me parece importante de señalar aquí es que Rosie comenzó sus críticas en su blog; el trending topic #arseniclife sigue utilizándose hasta el día de hoy para hacer mención a este asunto, y si no hubiera sido por las colaboraciones que se dieron en la blogósfera, la historia habría sido otra. El alcance de las publicaciones en blogs sobre este tema comienza a permear las publicaciones pareadas. Recientemente Antonio Lazcano publicó un comentario en Nature donde cita precisamente al blog de Carl Zimmer, donde se hace referencia a #arseniclife.

Hubo otros detalles que ejemplifican el interés en comunicar la ciencia durante el congreso, en particular el concurso de películas, y los libros que vendían en los stands. NSCENT organizó un concurso de películas cortas para estudiantes. El tema podía ser cualquier cosa relacionada con la evolución, y el premio fueron 500 dls para participar en otro congreso. Los ganadores los pueden ver aquí*. Algunas editoriales tuvieron stands. Lamentablemente en México no tenemos la calidad de estas editoriales especializadas en temas científicos, como Oxford, Chicago Press, etc. Los libros que venden son tanto especializados (de texto), como de divulgación.

Mi conclusión de esto es que en México hacemos ciencia de la más alta calidad, y eso se nota en los trabajos expuestos. La diferencia principal que encontré puede resumirse en cómo se comunica la ciencia, tanto dentro de la academia como hacia fuera. ¿Cuántos investigadores presentan carteles en los congresos? ¿Por qué no lo hacen? ¿Cuántos científicos tenemos blogs, tuiters? Y, quienes sí tienen, ¿generan discusión con colegas ahí? ¿Qué hacemos para que nuestro trabajo se conozca fuera del ámbito científico?

Me gustaría que quedara claro que no estoy señalando responsabilidades, sino marcando diferencias. Estados Unidos, Canadá y México vivimos y hacemos ciencia en contextos muy distintos. Las diferencias que existen seguramente tienen razones multifactoriales. Tengo claro que la capacidad (a nivel individual) de comunicar nuestros hallazgos la tenemos, seguramente también está el interés. Las diferencias que marco obviamente están sesgadas hacia lo que me gustaría que ocurriera en México. El objetivo de esta opinión es compartir mi experiencia, y que podamos aprender de esto.



*Nota final, que no tiene tanto que ver con el tema de este post. Me parece curioso que las películas ganadoras del concurso tratan sobre cómo utilizar la evolución para ligar mujeres.