porque los misteriosos caminos de la evolución tienen sus causas, consecuencias y víctimas

31.5.09

hija de rockstar

Tras casi 25 años de vida, algunos de ellos gastados en lo que se refiere a buscar pareja, puedo concluir que, en general, me gustan los cretinos.

¿A qué me refiero con cretino? Pues a ese individuo masculino que me engaña, dice que me hablará y no lo hace (¿por qué mejor no queda en nada?), que seguramente tiene novia, que me hace sentir como trapo: cretino es aquel que me trata mal. Podría decirles que las razones de mi gusto por ellos son variadas: a) el ideal hollywoodensede que seré yo la que lo haga cambiar (por el amor, claro está); b) un ánimo freudiano de autosabotaje y complacencia (siempre es más fácil una relación “fácil”); y finalmente c) que me son sumamente atractivos.

Dado que las primera dos razones me vendría mejor tratarlas en el diván y no en el ciberberespacio, me enfocaré en la última a pesar de su aparente elusión.

Una de las acciones que caracterizan a un cretino es que no tiene una sola chica. Que las chicas involucradas lo sepan o no, depende de la clase de cretino con quien anden, pero eso no es importante para la explicación. Ahora supongamos una cosa: la cretinez es hereditaria, ¿cómo así? Padres cretinos tendrán hijos cretinos. Esto, por supuesto, no lo puedo asegurar ni me aventuraría a decir que es probable, sólo lo propongo como una suposición para el bien de mi hipótesis.

Bien, pues entonces ahora tenemos a Cretino (con gen cretino) y a sus varias chicas. ¿Qué ocurriría si este personaje embarazara a todas, es decir, si alcanzara su mayor éxito reproductivo posible dadas sus parejas? Muchas de estas señoritas tendrían cretinitos. Otras tantas tendrían incautas con gusto por los cretinos, pues, oh sí, el gen cretino en las mujeres no las hace cretinas, sino propensas a enamorarse de cretinos.

And so on…

Esta elegante hipótesis no es original mía, sino de Fisher, y es tan vieja como mi abuela, pero lo es más la cretinez. Al parecer esto es algo que sucede en la naturaleza con cierta frecuencia, tanto que hasta tiene un nombre: “hipótesis del hijo sexy”. Fisher la propuso cuando se enfrentó con la pregunta de por qué las hembras eligen a ciertos machos aparentemente anodinos para reproducirse: machos que no les dan beneficios directos (como comidita, territorios), ni tampoco son más guapos que los otros machos (no tienen colores más brillantes, colas más largas, rizos más hidratados), pero aun así existe un sesgo evidente de las hembras generación tras generación para reproducirse con ellos. Se dio cuenta de que los hijos machos de estos machos les resultaban sexys a las hembras, por lo que se reproducían más; por tanto, a pesar de que la hembra no obtuvo un beneficio directo por reproducirse con un sexy, sí obtuvo uno indirecto pues sus hijos están regando genes con facilidad, y entre estos genes hay genes de ella. ¿Qué quiso decir Fisher con sexy? Machos que les gustan nomás por nomás a las hembras, pues no tienen ni oficio ni beneficio. Genéticamente esto sería posible si el gen de la sexyness en machos se heredara a sus hijas en la forma de gusto por esta sexyness, un complejo de Electra obligatorio.

Así que la respuesta a mi gusto por los cretinos se traduce evolutivamente en que, en teoría, mis hijos serían unos cretinitos que le aplicarían la misma estrategia a incautas como yo con gustos por los malos tratos, y mis genes pasarían así a muchos nietos –cretinos a su vez-, en vez de a pocos y leales buensamaritanos.

¿Qué les puedo decir? Soy hija de un rockstar.