porque los misteriosos caminos de la evolución tienen sus causas, consecuencias y víctimas

30.4.09

de cómo me convertí en una víctima sentimental de la evolución

Siempre me topo con ese tipo de parejas: ella no es fea ni tampoco es guapa, no dice tanta tontería pero no brilla por su elocuencia, como tampoco brillaría por su ausencia si no estuviera justamente ahí, de la mano del chico guapo que me hace reír, inteligente (al menos da el gatazo), encantador. Y entonces es cuando yo me pregunto, ¿por qué?

Mucho tiempo esa pregunta fue respondida en mi cabeza de forma equivocada, mi aproximación era buscar un error en la ecuación y no el mecanismo que formaba a esas típicas y molestas parejitas. Esta aproximación me condujo a conclusiones tales como a que existía una indisimulable fealdad en mí evidente para los demás pero no para la vanidosa portadora (pues en realidad sé que estoy guapa); otras ramas de pensamiento se acercaron hacia una correlación entre el atractivo masculino (visto desde mis ojos) y el gen del mal gusto, teoría que no he desechado por completo pero que es muy difícil de probar (aunque ya tengo un protocolo preliminar que publicaré con más tiempo). Fue entonces cuando la evolución en forma de docencia llegó a mi vida, y con ello un nuevo capítulo en mi afán de explicar mi alrededor.
Para no hacerles el cuento largo, de forma muy resumida les explicaré una de las teorías más importantes sobre selección sexual y evolución:
Hace muchos años, un señor llamado Bateman se fijó que en general las hembras de las especies producían pocos y grandes gametos, mientras que los machos producen muchos y pequeños. Óvulos y espermatozoides. La producción de cualquier tipo de cosa requiere de recursos, por lo que producir algo más grande es más costoso que algo más chico, ergo los óvulos de las hembras son más preciados que los espermatozoides de los machos. En pocas palabras, a los machos les vale andar regando espermas por doquier, al fin tienen muchos, alguno pegará donde haya buenos genes. Las hembras, en cambio, cuidan a sus óvulos y eligen con rigor aquellos genes con los que los mezclaran, pues las hembras no sólo gastan en hacer esos gametotes, sino que se embarazan y regularmente les toca el cuidado de la prole. Por esto el sexo que produce menos y más costosos gametos es el sexo más piqui cuya estrategia consiste en cotizarse, y de esta forma trata de asegurar que sus genes pasen a la siguiente generación en individuos que tengan muchas probabilidades de sobrevivir y reproducirse; el otro sexo tiene la estrategia contraria, no pone todos los huevos en la misma canasta y asegura mucha progenie sin importarle la calidad de la melcocha.
Con esta hipótesis evolutiva de fondo y el problema de las molestas parejitas, el escenario que consuela mi autoestima queda así:
Chico Chido conoce a Chica Chida, se la pasan increíble, se gustan muchísimo, platican delicioso. Él piensa que ella es The One, ¡The One!, no busca nada más en alguien, es la chica perfecta. Entonces algo hace clic (clic in the bad sense of the word) en el cerebro de él, pues el hecho de que exista The One va en contra de su estrategia evolutiva: no puede haber sólo una, ¡tiene que haber un montón! Este clic se traduce en que Chico Chido comienza a actuar de forma errática y se culea, le da miedo la relación con The One y la deja. Chico Chido deja de ser tan chido, Chica Chida se confunde.
Entonces Chico Chido, tras haber cometido el error más grande de su vida, comienza a darle vuelo a la hilacha de su estrategia evolutiva. En este ir y venir de repente conoce a Chica Equis (de hecho conoce a muchas chicas equis, pero en algún momento conoce a una en particular que es a la que me estoy refiriendo, pero que no tiene nada de especial, es sólo una contingencia histórica) y se siente cómodo ahí. Ningún clic hace su cerebro pues no es The One, no le da miedo nada. De repente ya llevan instalados en esa comodidad de relación un par de años, ¿para qué buscar más?
Mientras tanto, Chica Chida desconcertada no entiende lo que sucede, es un duro golpe a la su vida sentimental. Es aquí cuando Gañán aprovecha la situación y con sus ventajosas tácticas seduce a Chica Chida. Resultado: pareja típica número dos.

Yo, por supuesto, me he visto en esta situación más de una vez. Reconocer a la evolución como culpable no me consuela, sólo me identifica como una víctima sentimental de ésta.